Episodio 107: La excomunión de Sonia Johnson y el peligro de ser una feminista mormona

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Pesquisas Mormonas es un programa de audio. Está preparado para ser escuchado. Si el contenido es un ensayo con información proveniente de libros y otros artículos, el texto básico del programa va a ser incluido en el blog. Pero hay que tener en cuenta que la información en el blog NO ES LA INFORMACION COMPLETA y no incluye opiniones o aclaraciones.
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Pánico en el patriarcado: Políticas sexuales en la Iglesia Mormona 
O Sonia Johnson: Excomunión de una defensora de los derechos de igualdad

Por Steve Benson

Introducción: El discurso de Sonia Johnson que destapó los esfuerzos secretos y deshonestos de los líderes mormones para derrotar la Enmienda para los Derechos de Igualdad

Sonia Johnson, la valiente y vocal abanderada que fue excomulgada en la fútil batalla sobre el pase de la Enmienda para los Derechos de Igualdad (“E.R.A.” en inglés), quien fue expulsada de la iglesia mormona principalmente a causa de sus comentarios audaces y sin remordimientos que hizo en su discurso a la Asociación Americana de Psicología (“A.P.A.” en inglés) en Nueva York el 1 de septiembre de 1979.

Intitulado “Pánico en el patriarcado: Políticas sexuales en la Iglesia Mormona”, su discurso era una exposición sin paralelo y poderosa de los esfuerzos obviamente ilegales y secretos por parte de la Iglesia SUD para prevenir el pase de la E.R.A. en los parlamentos legislativos a través de la nación.

Linda Sillitoe (autora mormona, reportera investigativa, poeta, crítica literaria y madre de tres) explica en su análisis “Las políticas de la Iglesia y Sonia Johnson: El problema principal” (Sunstone, Vol. 5, No 1) cómo el desenmascaro de la batalla de la Iglesia SUD en contra de las mujeres causó muchos ataques de pánico entre sus líderes varones.

Sillitoe nota que, en los comentarios de Johnson ante la APA, ella habló de “dolor” e “ira”, los cuales fueron tomados como “polémicos y duros” por muchos mormones fieles.

Reaccionaria respuesta mormona

Una movida reaccionaria mormona típica vino, no sorprendentemente, de un hombre SUD en West Jordan, Utah, quien escribió:

En el caso de la E.R.A., el gobierno federal ha promovido su ratificación, y la Iglesia está en contra de ella. Supongo que todo se resume a en quién confiamos: ¿En el gobierno o en quienes sostenemos como Profetas, Videntes y Reveladores? ¿A quiénes consideramos los más sabios, al Presidente de los Estados Unidos o al Presidente de la Iglesia? ¿Con los motivos y objetivos de quién debemos alinearnos?

Si bien es cierto que los miembros de la Iglesia tienen el derecho a estar a favor de la E.R.A., es claro para mí que esto es lo mismo que fumar, tomar, estar inactivo o no pagar contribuciones a la Iglesia. No es como ser republicano, demócrata, independiente, o lo que fuera.

La Iglesia dice que es un problema moral, el mundo dice que es político. ¿A quién le creemos?

Sonia Johnson y otros aparentemente sienten que la oposición por parte de la Iglesia a la E.R.A. es un “pánico del patriarcado” basado en un deseo machista de mantener a las mujeres bajo el pulgar de los hombres en la Iglesia. La Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce ha dado sus razones para oponerse y les hacemos un gran perjuicio cuando ignoramos sus palabras y sospechamos que hay motivos escondidos.

Además de tener el derecho de estar equivocados, los miembros de la Iglesia tienen el derecho a la inspiración del Espíritu Santo (asumiendo que tienen la dignidad personal). Propongo que debemos ejercer ese privilegio en vez del anterior y encontrarnos en concordancia pacífica con aquellos quienes el Señor a encargado con gran responsabilidad de guiarnos hacia delante. (“Readers’ Forum“, Sunstone Magazine.)

Una voz feminista en contra del dominio y abuso masculino

Sillitoe habla de cómo el discurso de Johnson sirvió para publicitar sin rodeos el astuto, secreto y conspirador esfuerzo de la Iglesia SUD para derrotar a la E.R.A., y cómo sus palabras subrayaron la persistente opresión de las mujeres por parte de los mormones:

El discurso de la APA describió al grupo de presión política mormón anti E.R.A. en Virginia y la oposición de la Iglesia a la enmienda, y luego se expandió para discutir los problemas entre las mujeres mormonas. Citando las alarmantes estadísticas de Utah sobre la depresión, las novias adolescentes “embarazadas antes del matrimonio”, el suicidio adolescente y las violaciones, Sonia Johnson insistió en que “nuestras hermanas están pidiendo ayuda gritando en silencio”. El siguiente párrafo continúa:

“Como todas las mujeres mormonas están entrenadas para desear complacer a los hombres por sobre todas las cosas (y yo incluyo en esta categoría a Dios, a quien demasiados de nosotros vemos como una extensión de nuestros líderes machistas), gastamos una enorme cantidad de energía tratando de hacer las muy reales, pero para la mayoría de nosotras, limitadas satisfacciones de ser madre y esposa como un substituto para todas las experiencias de la vida. Lo que rebalsa en esos lugares vacíos de nuestros lugares, donde nuestra repisa de talentos debería vivir de manera vigorosa, es, en su lugar, frustración, enojo y la desesperación que viene de suprimir ese enojo y de sentirnos culpables por haberlo sentido en primer lugar”.

Sillitoe entonces llama la atención “al párrafo principal del discurso, el cual se centra en la causa [de Johnson], tal como ella misma la delinea:

Pero las mujeres no son estúpidas. La misma violencia con la que los Hermanos atacan a la enmienda que les daría a las mujeres un estatus humano en la Constitución, abruptamente abrió los ojos de miles de nosotras a la verdadera fuente de nuestro peligro y de nuestro enojo. Éste pánico patriarcal hacia nuestros derechos humanos ha causado una milagrosa consciencia sobre toda la Iglesia como nada más lo podría haber hecho. Y revelar ese pánico de la idea de que las mujeres pueden avanzar y mostrarse como diosas en potencia con poder en un sentido real, no en un sentido de estar sujeta a los hombres, fue el error crítico y mortal de los líderes, produciendo, como lo hizo, una disonancia ensordecedora entre su retórica de amor y su comportamiento opresivo, indiferente y destructivo.

Sillitoe nota que “copias del discurso del ‘pánico del patriarcado’ abundan en el mormonismo”, agregando que incluso fue distribuido entre el estudiantado por los Estudiantes Asociados de BYU.

Una copia del grito de batalla a favor de las mujeres de Johnson actualmente reside en la Biblioteca Albertsons de la Universidad Estatal de Idaho, donde es parte de una colección donada por la rama de Boise de la Organización nacional de las mujeres (“N.O.W.” en inglés. Nota del traductor).

Según el sitio de la Universidad, los miembros de esa rama juntaron esa colección “durante los últimos años de la campaña para pasar la Enmienda para los Derechos de Igualdad, 1976–1982”, e incluyeron documentación “del papel de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en oposición a la E.R.A. y a la excomunión de la defensora de la E.R.A. Sonia Johnson” (“National Organization for Women [Boise, Idaho] Records, 1976-1987“).

El discurso de Johnson no era conciliatorio. Al contrario, era desafiante, acusador e incitador. De hecho, Sillitoe lo describe de la siguiente manera:

[Ese discurso era] el extremo, no la norma, de las palabras de Sonia Johnson, y sin embargo identificó el núcleo de lo que se había convertido en su dilema. Es este discurso en el que ella cruzó la línea entre derechos de igualdad civil y el sistema patriarcal de la Iglesia Mormona, un borde también hecho borroso por la Iglesia al identificar a la E.R.A. como un problema moral sobre el cual la Iglesia [estaba] tomando una acción política (en armonía con la declaración del 4 de julio de 1979 por parte de la Primera Presidencia, la que explicó que los asuntos morales, los cuales serían identificados como tales por la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce, puede ser “digno de la participación de la Iglesia”). Por lo que no es posible separar a la promoción de Sonia Johnson de la Enmienda para los Derechos de Igualdad de un contexto eclesiástico tal como no es posible para ella separar a las campañas anti E.R.A. de los esfuerzos de la iglesia.

Como Sillitoe nota, fue el discurso de Johnson que, en efecto, proveyó el ímpetu final para que el patriarcado de la Iglesia Mormona la excomulgara de entre sus filas.

En su tribunal, Johnson fue acusada por sus inquisidores de haber “enseñado públicamente que la Iglesia está dedicada a imponer las directivas morales del Profeta sobre todos los estadounidenses, cuando la doctrina de la Iglesia enseña que todas las personas son libres de elegir por sí mismas aquellas directivas morales dictadas por sus propias conciencias”.

Los acusadores mormones se referían a los siguientes puntos indiscutibles que Johnson mencionó en sus palabras provocativas a la APA:

La implicación política de esta renuncia masiva a la conciencia individual bajo la directiva de “Dios” no es entendida completamente en este país. Los mormones, una minoría minúscula, están dedicados a imponer las directivas morales del Profeta sobre todos los estadounidenses, y pueden llegar a tener éxito si los estadounidenses no están conscientes de estos métodos y de estas metas. Como la organización de la Iglesia es maravillosamente hermética, y la obediencia de sus miembros increíblemente completa, potencialmente miles de personas pueden ser movilizadas en un tiempo muy corto para hacer lo que se les diga, sin más explicación que “el Profeta ha hablado”.

Pero la actividad anti E.R.A. mormona, a pesar de ser organizada y dirigida por la jerarquía de la Iglesia, desde Salt Lake hasta los líderes varones regionales, es una actividad hecha encubierta y no hecha abiertamente en el nombre de la Iglesia. A los miembros se les advierte que no reveles que son mormones o que son dirigidos por la Iglesia cuando promueven su causa, escriben cartas, donan dinero y pasan panfletos anti E.R.A. de puerta en puerta. En su lugar, se les dirige a que digan que son ciudadanos preocupados por seguir los dictados de sus conciencias individuales. Ya que de hecho están siguiendo los dictados mismos de la conciencia del Profeta y están dispuestos a cambiar de opinión de la noche a la mañana si el Profeta cambia de opinión, nada está más lejos de la verdad.

El pecado imperdonable de Johnson (al menos a los ojos y oídos del patriarcado mormón) era el revelo a las intenciones políticas secretas de los Hermanos para detener a la E.R.A. Pero para Sillitoe esto es lo que Johnson había estado haciendo todo este tiempo:

En esos párrafos [de su discurso a la APA], Sonia Johnson hizo lo que hacía virtualmente en todas sus declaraciones y entrevistas públicas: revelar que los mormones a favor de la E.R.A. estaban determinados a hacer público el que la Iglesia Mormona [estaba] oponiéndose a la Enmienda para los Derechos de Igualdad a través de grupos organizados de presión en varios estados. Al citar las declaraciones que contienen el propósito central y las tácticas de los “Mormones a favor de la E.R.A.”, yo creo que la carta de excomunión refutaban esas declaraciones y negaban la validez de la contención [de Johnson]. Por lo tanto, el pivote central entre aceptar a la Iglesia en su totalidad, incluyendo sus políticas, y la división de la iglesia espiritual y la iglesia política, justificando alianza a una y oposición a la otra estaba, después de todo, encapsulado en los descubrimientos del tribunal. (“Church Politics and Sonia Johnson: The Central Conondrum“. Sunstone Magazine.)

El texto del valeroso discurso de Sonia Johnson a favor de la E.R.A. y en contra del patriarcado

Debajo está el discurso prácticamente completo de Johnson a la Asociación Americana de Psicología en septiembre de 1979. Y digo “prácticamente” porque el discurso que yo poseo es una copia de copia, y algunas palabras están ilegibles. Sin embargo, a pesar de estos lapsos pequeños e infrecuentes, el significado del mensaje de Johnson no se ha perdido.

La exposición pública por parte de Johnson del “pánico” que sentía el liderazgo masculino mormón al enfrentarse al creciente llamado por igualdad de géneros se convirtió en un grito de batalla inspirador para quienes apoyaban a la E.R.A clandestinamente; particularmente, por supuesto, para las mujeres que hasta este día continúan sintiéndose sofocadas por el saludo patriarcal de los Hermanos.

Pánico en el patriarcado: Políticas sexuales en la Iglesia Mormona

1 de septiembre, 1979
Presentación dada en la reunión de la Asociación Americana de Psicología, Nueva York Sonia Johnson, Ed.D Preside: Mormones a favor de E.R.A.

Las políticas sexuales no son algo nuevo en la Iglesia Mormona. Estaba floreciendo cuando mis abuelos eran niños, cruzando los planos a Utah en vagones cubiertos. Aunque diferentes generaciones han desarrollado sus propias variedades del tema, yo creo que mi generación está enfrentando la confrontación final, para la cual las demás eran simples prácticas. Las políticas sexuales mormonas de hoy son una mezcla incómoda de fenómenos explosivos: las mujeres mormonas sienten que sus líderes las han privado de derechos, la repentina oposición por parte de la Iglesia a la E.R.A., y el movimiento femenino.

Saturado como está por el prejuicio anti femenino que es la definición misma y la razón de ser del patriarcado, la Iglesia Mormona puede ser llamada, de manera legítima, “el último patriarcado absoluto del oeste”. (Yo sé que las audiencias católicas y judías tal vez quieran rebatir lo que acabo de decir, ¡pero estoy dispuesta a comparar a mis patriarcas contra los suyos cualquier día!) Este imperativo patriarcal está reforzado por la creencia que el Presidente de la Iglesia es un profeta de Dios, tal como lo fueron Isaías y Moisés, y que Dios no le permitirá cometer ningún error al guiar a su Iglesia. Él es, por lo tanto, si no de manera doctrinal, en práctica, deificado e “infalible”. Algo que es comúnmente escuchado, aunque no algo oficial, en mi Iglesia es, “Cuando el profeta habla, ya pensaron por nosotros”, y “cuando el Profeta habla, el debate se acabó”. Pero se olvidan de mencionar que el debate probablemente nunca siquiera comenzó puesto que en la Iglesia hay poco diálogo o educación real. El adoctrinamiento es el principal método de instrucción, porque la obediencia es el mensaje esencial de la Iglesia contemporánea.

El calibre de carácter forjado en esta “educación de obedecer” es ilustrado en un encuentro que tuvimos hace dos veranos (en 1977) en Lafayette Square después de la marcha nacional de la E.R.A. en Washington, D.C. Varias de nosotras fuimos abordadas por dos estudiantes de la Universidad Brigham Young, ex misioneros de la Iglesia, quienes trataron de romper nuestros carteles de “Mormones a favor de la E.R.A.”. Durante la conversación que siguió, ellos prometieron solemnemente que, si el Profeta les decía que fueran y dispararan a todos los negros, lo harían sin vacilación.

Otro ejemplo: Bajo el mandato celestial en contra de la Enmienda para los Derechos de Igualdad, los mormones de Virginia el último invierno llevaron botones que decían “Igualdad, sí. E.R.A., no”, lo cual es un sorprendente ejemplo típico del pensamiento doble del patriarcado, no solamente promovieron estar en contra de la E.R.A., sino contra TODOS los proyectos de ley a favor de las mujeres, de los cuales había varios modelos del mismo tipo.

La implicación política de esta renuncia masiva a la conciencia individual bajo la directiva de “Dios” no es entendida completamente en este país. Los mormones, una minoría minúscula, están dedicados a imponer las directivas morales del Profeta sobre todos los estadounidenses, y pueden llegar a tener éxito si los estadounidenses no están conscientes de estos métodos y de estas metas. Como la organización de la Iglesia es maravillosamente hermética, y la obediencia de sus miembros increíblemente completa, potencialmente miles de personas pueden ser movilizadas en un tiempo muy corto para hacer lo que se les diga, sin más explicación que “el Profeta ha hablado”.

Pero la actividad anti E.R.A. mormona, a pesar de ser organizada y dirigida por la jerarquía de la Iglesia, desde Salt Lake hasta los líderes varones regionales, es una actividad hecha encubierta y no hecha abiertamente en el nombre de la Iglesia. A los miembros se les advierte que no reveles que son mormones o que son dirigidos por la Iglesia cuando promueven su causa, escriben cartas, donan dinero y pasan panfletos anti E.R.A. de puerta en puerta.(1) En su lugar, se les dirige a que digan que son ciudadanos preocupados por seguir los dictados de sus conciencias individuales. Ya que de hecho están siguiendo los dictados mismos de la conciencia del Profeta y están dispuestos a cambiar de opinión de la noche a la mañana si el Profeta cambia de opinión, nada está más lejos de la verdad.

Además, las mujeres mormonas, las cuales forman la mayoría del ejército mormón anti E.R.A. (y los líderes se refieren a ellas como un “ejército”, mostrando verdadera forma patriarcal),(2) son aconsejadas a que no le digan a la gente que los hombres de la Iglesia las han organizado, sino que ellas se organizaron a sí mismas voluntariamente. “La gente no entiende”(3) que los líderes varones explican con su doble charla patriarcal significa, “La gente entenderá muy bien que éste es el truco típico de enlistar a mujeres para llevar a cabo las medidas opresivas de los hombres en contra de las mujeres, escondiendo la identidad de los opresores reales y alienando a las mujeres de las demás”.

Tantos de nosotros en la Iglesia estamos tan inalterablemente opuestos a esta actividad opresiva y secreta que uno de los mayores propósitos de “Mormones a favor de la E.R.A.” se ha convertido en apuntar la linterna en estas actividades políticas tan oscuras de la Iglesia y exponer a otros estadounidenses su explotación del compromiso religioso de las mujeres por sus propósitos políticos interesados.

La reacción de los padres de la Iglesia hacia el movimiento de las mujeres y las demandas de las mujeres por derechos de igualdad ha producido un fenómeno fascinante y temible. A mediados de los 1960, la tasa de natalidad en Utah era casi la misma del resto de la nación, pero el año pasado fue el doble del promedio nacional, evidencia de un verdadero pánico patriarcal, una tremenda reacción contra las tenencias básicas feministas de que las mujeres deben, por diseño divino, ser primero individuos y cumplir sus metas personales de la manera y al grado que ellas mismas lo deseen, tal como lo hacen los hombres. En casi todas las reuniones de la Iglesia (y los mormones son famosos por promover la imagen de la mujer mormona “buena”, una que es aceptable ante los Hermanos y por lo tanto ante Dios; un mensaje calculado para mantener a las mujeres donde los hombres las quieren: “hechas”(4)(creadas) para cuidad de sus esposos y de sus hijos, permanecer en la casa, dependiente financiera y emocionalmente, ocupacionalmente inmadura, políticamente inocente, obediente, subordinada, sumisa, sonámbula y responsable por muchas de las labores pesadas y no reconocidas de la Iglesia sobre sus hombros impasibles.

Las encíclicas de los Hermanos por los últimos diez años (1969–1979) tales como las que les quitaron a las mujeres el derecho de orar en las reuniones importantes de la Iglesia (desde entonces esto ha sido restaurado, pero las mujeres no estarán a salvo de los entremetimientos caprichosos de los Hermanos con nuestros derechos humanos inalienables hasta que obtengamos posiciones de poder y autoridad en nuestra Iglesia), de controlar nuestro dinero y nuestros programas y de publicar nuestras propias revistas para comunicarnos entre nosotras mismas. Hasta ahora nos hemos visto bajo el control total de los hombres, teniendo que pedirles permiso para hacer las cosas más pequeñas. Estas reglas, las cuales han hecho mucho daño a las mujeres, rebajaron nuestro estatus, nos convirtieron en lamebotas y chupamedias de los hombres de la Iglesia y destruyó la poca libertad de elegir que teníamos. Esas reglas revelan el profundo miedo que tienen los Hermanos de mujeres independientes que no tienen que pedir permiso, el tipo de mujer que está emergiendo de este movimiento femenino. Y no es accidente que fueran promulgadas justo cuando la ola feminista en los Estados Unidos comenzó a crecer.

Pero tenemos otras maneras más directas de saber qué tan amenazados y enojados se sienten nuestros hermanos a causa de la existencia de mujeres que no están bajo su control. En abril de 1979, alquilamos un avión para volar una pancarta sobre la Manzana del Templo en Salt Lake City durante un descanso en la conferencia mundial de los líderes de la iglesia, la cual se lleva a cabo en el Tabernáculo. La pancarta anunciaba que los “Mormones a favor de la E.R.A. están en todas partes. Un reportero llamó al secretario de prensa de la Iglesia para preguntar cómo estaban los líderes tomando esta broma, y se le dijo que lo encontraban “entretenido”. Entonces el vocero sugirió que el reportero pusiera una caricatura al siguiente día en su periódico mostrando a nuestro avión volando sobre el Ángel Moroni encima del templo (tal como el periódico lo había hecho), pero que, en vez de una foto de Moroni con una trompeta, que lo dibujaran con una ametralladora. Uno no necesita ser un psicoanalista para entender qué tan “entretenido” los Hermanos pensaron que era nuestra “pequeña broma”.(5)

Más recientemente, cuando un reportero del Associated Press entrevistó al Presidente [Spencer W.] Kimball sobre el tema de las engreídas mujeres mormonas, el Profeta advirtió que los miembros de la Iglesia que apoyan la Enmienda para los Derechos de Igualdad” deben tener “mucho, mucho cuidado”, porque la Iglesia está guiada por “hombres fuertes y capaces. . . Sentimos que estamos en una posición de guiarlas de manera apropiada”.(6) La amenaza es muy clara y obvia: Es mejor que tengamos mucho, mucho cuidado.

Los hombres a la cabeza de la Iglesia son fuertes y los patriarcas han, por milenios, destruido a las mujeres que se escaparon de sus mordazas mentales. El Presidente Kimball también dijo, “Estas mujeres que están pidiendo autoridad para hacer todo lo que un hombre puede hacer y para cambiar el orden y hacer el trabajo masculino en vez de tener hijos, simplemente están fuera de lugar”,(7) lo cual es una espantosa revelación de ignorancia sobre la realidad de las vidas de las mujeres.

Pero tal vez la imagen de mayor terror salió de la psique de Hartman Rector, una de las Autoridades Generales de la Iglesia, en respuesta a mi testimonio ante el subcomité de derechos constitucionales en el Senado de los EEUU:

Para poder conseguir que los hombres estén más o menos al mismo nivel, el Padre Celestial les dio el Sacerdocio, o la autoridad de dirigir a la Iglesia y al hogar. Sin este don, el hombre estaría tan por debajo de la mujer en poder e influencia que habría poca razón para su existencia. De hecho, él probablemente sería devorado por la mujer como en el caso de las arañas viuda negra.(8)

Dada esta perspectiva de las mujeres, no debería ser sorprendente que, a pesar de las calculadas campañas de relaciones públicas que muestran a la Iglesia Mormona como el último bastión (¡y probablemente como los inventores!) de la familia feliz, y de la mujer satisfecha. Pero no todo está bien en Sion, y todo no está bien particularmente entre las mujeres de Sion.

En los recientes años ha habido considerable alboroto sobre el tema de la depresión entre las mujeres mormonas, inspirando una avalancha de documentales y artículos.(9) El Salt Lake Tribune en diciembre de 1977 citó a terapistas locales diciendo que hasta tres cuartos de sus pacientes mormones eran mujeres y que el denominador común era una auto estima muy baja y una falta de satisfacción fuera del hogar.(10) Esta depresión es endémica y comienza a una edad muy temprana: la incidencia de suicidios entre las jóvenes adolescentes en Utah es más del doble del promedio nacional, y sigue creciendo.(11) Siete de cada diez novias adolescentes están embarazadas antes del matrimonio, y el 40% de las novias en Utah son adolescentes.(12) La proporción de matrimonios adolescentes en Utah ha sido mayor que en la nación todos los años desde 1960, lo cual puede explicar que la tasa de divorcio en Utah es mayor que el promedio nacional. El alcoholismo y el abuso de drogas entre las mujeres son problemas en la cultura mormona, lo mismo que el abuso infantil y de las esposas. En los pasados 14 años, las violaciones en Utah han aumentado el 165%, y el índice de violaciones local es 1.35% más alto que el promedio nacional.(13) Agréguese esto al hecho significativo de que la asistencia a la Sociedad de Socorro, la organización auxiliar de las mujeres en la Iglesia, y a las Mujeres Jóvenes ha disminuido dramáticamente en todo el país.

El comité editorial de la revista feminista mormona
Exponent II. Izquierda: el comité de 1974. Derecha: comité del 2014
Lo que esto significa para los patriarcas de la iglesia es un misterio. Ellos tienen miedo de hablar con aquellas de nosotras que estamos alarmadas cuando sus opiniones y su trato hacia las mujeres, o no piensan que somos dignas de su tiempo.(14) Pero lo que dice a aquellas de nosotras que hemos sobrevivido ser mujeres mormonas es que nuestras hermanas están gritando en silencio pidiendo ayuda, la cual no sólo NO están encontrando en la Iglesia, sino que en la iglesia están siendo aún más oprimidas y debilitadas por los bombardeos de estereotipos profundamente degradantes sobre nuestro rol femenino. Su experiencia en la Iglesia las está enfermando.

Como las mujeres mormonas están entrenadas a desear, por sobre todas las cosas, a satisfacer a los hombres (e incluyo en esta categoría a Dios, a quien demasiadas de nosotras vemos como una extensión de nuestros líderes machistas), gastamos una enorme cantidad de energía tratando de hacer las muy reales, pero para la mayoría de nosotras, limitadas satisfacciones de ser madre y esposa como un substituto para todas las experiencias de la vida. Lo que rebalsa en esos lugares vacíos de nuestros lugares, donde nuestra repisa de talentos debería vivir de manera vigorosa, es, en su lugar, frustración, enojo y la desesperación que viene de suprimir ese enojo y de sentirnos culpables por haberlo sentido en primer lugar.

El verano pasado (1978), una mujer de Utah escribió al senador Hatch, de Utah: “Un océano de mujeres ardiendo es algo muy peligroso”. Y eso es lo que el patriarcado mormón tiene en sus manos: un océano de mujeres ardiendo. Aquellas cuyo enojo todavía no es diferenciado, quienes no se dan cuenta que están siendo traicionadas, su ira es explotada por los líderes de la Iglesia, quienes lo transforman en un ataque contra las causas feministas, tales como la Enmienda para los Derechos de Igualdad, haciendo que estas mujeres se conviertan en chivos expiatorios, y hacen que se identifique a las mujeres como la fuente del peligro hacia las mujeres (una táctica patriarcal para mantener su poder, la cual tiene sus raíces en la antigüedad) y tratan de distraernos para que no reconozcamos de dónde viene nuestro verdadero peligro, lo cual está donde siempre ha estado: en el patriarcado.

Pero las mujeres no son estúpidas. La misma violencia con la que los Hermanos atacan a la enmienda que les daría a las mujeres un estatus humano en la Constitución, abrúptamente abrió los ojos de miles de nosotras a la verdadera fuente de nuestro peligro y de nuestro enojo. Éste pánico patriarcal hacia nuestros derechos humanos ha causado una milagrosa consciencia sobre toda la Iglesia como nada más lo podría haber hecho. Y revelar ese pánico de la idea de que las mujeres pueden avanzar y mostrarse como diosas en potencia con poder en un sentido real, no en un sentido de estar sujeta a los hombres, fue el error crítico y mortal de los líderes, produciendo, como lo hizo, una disonancia ensordecedora entre su retórica de amor y su comportamiento opresivo, indiferente y destructivo.

Recibo llamados telefónicos y cartas de mujeres mormonas de todo el país, y cada una tiene una historia o dos para contar: Cómo una mujer mormona se paró independientemente en una reunion y habló de su Madre Celestial, cómo se reunieron después y lloraron juntas de felicidad al haberla encontrado y nombrado; cómo una valiente mujer mormona está preparando para hacer su primera demanda pública por el sacerdocio. “El tiempo ha llegado”, dice calmadamente, “para que las mujeres insistan en una inclusion religiosa completa”. Esta declaración es el equivalente, para las mujeres mormonas, de lo que se escucha alrededor del mundo.

Puede que el nuestro sea el último patriarcado absoluto, pero ya no está libre de oposición. Una multitud de mujeres mormonas están cansadas de pedir permiso. Nos estamos despertando y creciendo y en nuestro despertar y en nuestro crecimiento se puede oír claramente el estertor de muerte del patriarcado.

Sonia Johnson

Notas
1. “New York State women’s meeting: 8,000 converge on Albany: local woman creates fracas”. The Daily Times, Mawaroneck, New Jersey, 1 de julio, 1977.

La mujer local que causó el disturbio era una mormona, Sherlene Bartholomew, del Barrio Westchester Ward en Scarsdale, N.Y., quien sólo dijo que era “miembro de un grupo poco organizado de madres con niños pequeños”. El artículo continúa: Más tarde, en una entrevista privada, la Srta. Bartholomew continuó insistiendo que no estaba afiliada con ningún grupo. Pero en los siguientes 90 minutos que la acompañamos . . . ella se encontró con más o menos una docena de mujeres que la saludaron por su primer nombre, muchas de las cuales se rehusaron a identificarse por nombre.

De una “hoja suplementaria con información” sobre la Conferencia Anual Internacional de Mujeres en Albany, enviada por la presidencia de la Sociedad de Socorro en una estaca de Nueva York a “todos los obispos, presidentes de rama y miembros interesados”: La Primera Presidencia [que incluye al Profeta y a sus dos consejeros] ruega una total asistencia y participación. Los elementos capaces de destruir la unidad familiar . . . deben ser opuestos. Debemos actuar como individuos, como ciudadanos y residentes del estado de Nueva York, y no como una iglesia u organización.

De las minutas registradas y transcriptas de la primera reunion de la organización de la Coalición Regional de Mujeres del Potomac (más tarde conocida como Coalición de Ciudadanos SUD), en Vienna, Virginia, 8 de noviembre, 1978, p. 13: Si van a los senadores de sus estados y dicen que deben estar en contra de la Enmienda para los Derechos de Igualdad porque el Profeta está en contra, no van a llegar a ningún lado. Tal vez esa es la razón por la que estamos en contra, pero cuando tratan de convencer a un legislador, es mejor que hablen en su idioma, no en el de ustedes.

2. De las minutas de la organización de Virginia, p. 17:

Deben tomar esto tan en serio como a un llamamiento . . . Cuando el llamado venga, deben marchar con sus fuerzas. En otras palabras, ustedes se convierten en un general en una fuerza.

3. De las minutas de la organización de Virginia, p. 2, habla la Representadora Regional Julian Lowe:

La experiencia muestra que si los Hermanos están en público hablando de estas cosas, en los ojos de algunos, lo que tratamos de hacer es mantener a las mujeres serviles, y eso no tiene nada que ver con lo que tratamos de hacer. Es el exacto opuesto de lo que estamos tratando de hacer, pero siempre es interpretado de esa manera. !Por qué no renunciar cuando estamos a la delantera!

4. Wertz, William C., Associated Press ”LDS President opposes ERA, encourages women to be wives”, The Rexburg [Idaho] Standard, martes, 19 de junio, 1979.

Citando al Presidente Kimball: “La mujer fue hecha para ser una esposa, la que le enseña y entrena a los hijos”.

5. Comunicación oral.

6. Wertz, William C., Associated Press ”LDS President opposes ERA, encourages women to be wives”, The Rexburg [Idaho] Standard, martes, 19 de junio, 1979.

7. Ibid.

8. Correspondencia de Hartman Rector a Teddie Wood, 29 de agosto, 1978.

9. Algunos de ellos son:

—Degn, Louise, “Mormon Women and Depression”, KSL [Salt Lake] comentario en TV, 17 de febrero, 1978.
—Cardall, Duane, “The Three Faces of Depression: Teenage Suicide”, KSL TV documental, 10 de february, 1979.
—Burgoyne, Robert H. y Burgoyne, Rodney W., “Belief Systems and Unhappiness: the Mormon Woman Example”, Dialogue: A Journal of Mormon Thought, 1978, 3, 48-53.
—Associated Press Provo, Utah, “Depression Among Y Students on Rise, Health Director Notes”, Salt Lake Tribune, 14 de marzo, 1979.
—Warenski, Marilyn. Patriarchs and Politics: the Plight of the Mormon Woman, (New York: McGraw-Hill, 1978). Véase especialmente el capítulo 4, pp. 81-106: “Double Dose of the Double Message”.

10. Governor’s Commission on the Status of Women, ”Utah Women: A Profile,” junio 1978, p. 42.

11. Cardall, Duane, “The Three Faces of Depression: Teenage Suicide,” KSL TV documental, 10 de febrero, 1979.

12. Associated Press, Logan, Utah, “Utah Weddings 40% Teens,” Salt Lake Tribune, April 8, 1979.

13. Governor’s Commission on the Status of Women, ”Utah Women: A Profile,” junio 1978, p. 23-46.

14. Recientemente, cuando un presidente de estaca en Provo, Utah, sugirió a un representante regional que una mujer hablara en la conferencia de esta estaca sobre las mujeres en la iglesia, el representante respondió, “no podemos tener a una mujer hablando sobre las mujeres en la conferencia”.

Este miedo y este desprecio es, creo, prominente entre miembros varones de la Iglesia y explica lo que en los últimos meses se ha convertido en un fenómeno increíble: un libro publicado por Deseret Book llamado Mujer, con ensayos de 15 autores hombres líderes de la iglesia. ¡Ni una sola mujer!

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Conclusión: Sonia Johnson tuvo un coraje enorme para batallar por las mujeres, ¿pero la Iglesia Mormona alguna vez cambiará?

Sonia Johnson fue una defensora valiente, vocal e inspiradora en la causa de los derechos de la igualdad de los millones de mujeres oprimidas en el mormonismo. Ella le recordó a la gente en todos lados del poder del propósito que viene a través del compromiso individual. Como ella misma declaró:

“Debemos recordar que una persona resuelta puede hacer una gran diferencia, y que un pequeño grupo de gente resuelta puede cambiar el curso de la historia”.

Sin embargo, ¿puede lograrse una genuina igualdad de géneros en la permanente prisión patriarcal de la Iglesia Mormona? Jessica Longaker, en su análisis, “El papel de la mujer en el mormonismo”, ofrece una evaluación desalentadora:
La Iglesia Mormona todavía se está aferrando a las creencias del siglo diecinueve, ideas que se están haciendo más y más obsoletas cada día. Unas pocas mujeres en la iglesia están tratando de hacer una diferencia, pero están siendo rápidamente excomulgadas. . . .

En las revistas mormonas, las cuales están llenas de consejos para las mujeres por parte de los líderes de la Iglesia, el mensaje ha cambiado en respuesta al movimiento femenino. En 1964, los consejos sobre el matrimonio y el divorcio eran bastante desapasionados; pero para 1972, estos temas estaban siendo tocados con incremente pánico y dureza . . . Las feministas son descritas como las “Flautistas de Hamelin del pecado han alejado a las mujeres de su divino divine papel de femeneidad hacia el camino del error. . .

Obviamente, la Iglesia Mormona no va a alterar su perspectiva de las mujeres en el futuro inmediato. Es cuestionable si es siquiera posible para el mormonismo el igualar el papel de los hombres y las mujeres porque la opresión de la mujer es tan integral a la religión. Los hombres y las mujeres no pueden ser realmente iguales en la iglesia, ya que las creencias básicas del mormonismo están llenas de sexismo, y la igualdad cambiaría a la religión hasta ser irreconocible.
Uno nunca debe olvidarse de la contribución heroica y duradera de Sonia Johnson en la lucha por los derechos de igualdad. En esa lucha, ella ha sido una luz rara y brillante en la oscura celda del Gulag mormón. Al final, Sonia Johnson recordó a aquellos que vieron su lucha contra el patriarcado del poder inherente y de la dignidad y justicia del movimiento femenino.

Pero la guerra brutal, costosa e inhumana del control de pensamiento y de abuso emocional hecha contra los millones de mujeres por parte de los guardias del patriarcado mormón continúa hasta este día, y continuará en el futuro próximo.

Entonces se puede hacer la pregunta: ¿para qué desperdiciar el resto de la vida luchando para reformar una bestia que no puede ser reformada?

Tal vez aquellos que permanecen detrás de la reja electrificada de la Iglesia Mormona deberían consideran romper con la tradición para poder emanciparse personalmente, y alentar a tantos de sus compañeros en la cárcel a que se apresuren para finalmente poder ser liberados.

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