Episodio 104: Los matrimonios de Brigham Young y su divorcio de Ann Eliza Webb

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Pesquisas Mormonas es un programa de audio. Está preparado para ser escuchado. Si el contenido es un ensayo con información proveniente de libros y otros artículos, el texto básico del programa va a ser incluido en el blog. Pero hay que tener en cuenta que la información en el blog NO ES LA INFORMACION COMPLETA y no incluye opiniones o aclaraciones.
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Las esposas de Brigham Young y su divorcio de Ann Eliza Webb

En 1868 Brigham Young, a la edad de sesenta y siete, se casó con Ann Eliza Webb, una atractiva divorciada de 24 años de edad con dos hijos: Young ya se había casado con docenas de otras mujeres. 
El erudito SUD Jeffery Johnson, escribiendo sobre Brigham Young y sus esposas, explicó:

Dieciséis mujeres dieron nacimiento a cincuenta y siete de los hijos de Brigham Young; Emmeline Free tuvo diez; seis esposas tuvieron solamente un hijo. La hija mayor, Elisabeth Young Ellsworth, tenía cincuenta y dos años a la muerte de Brigham, y la menor, Fannie Young Clayton, tenía siete. Once de las dieciséis mujeres le sobrevivieron. Ninguna de las mujeres que le engendraron hijos anuló sus sellamientos o se volvió a casar. . . .

El primer divorcio documentado fue el de Mary Woodward el 13 de diciembre de 1846, su esposa durante menos de un año. En una carta breve, pero cálida, él escribió: “En respuesta a su carta de ayer, del 12 del presente mes. Diré que, puede usted considerase liberada de mí y de mi consejo”, y añadió que él estaría encantado de ayudarla a ella y a sus hijos si estuvieran en algún momento hambrientos. (Brigham Young Papers).

Los registros de divorcio son escasos durante el periodo de emigración, pero dos mujeres que habían estado selladas a él en el Templo de Nauvoo lo dejaron para luego casarse con otros hombres. . . .

El 18 de junio de 1851, Mary Ann Clark Powers escribió desde Kanesville Iowa; “Deseo que me libere de todos los compromisos con usted por tiempo y la eternidad. . .”. (Brigham Young Papers). Esta petición fue concedida.

Después de que la Iglesia empezó a registrar divorcios en 1851: Mary Ann Turley y Mary Jane Bigelow obtuvieron el divorcio en 1851. Eliza Babcock en 1853., y Elizabeth Fairchild en 1855 (“Divorce Certificates”, Brigham Young Papers). Tenían menos de veinte cuando se casaron con Brigham Young y nunca habían llegado a ser parte de su casa. Todas se volvieron a casar; y Mary Jane, Eliza, y Elizabeth se quedaron en Utah. “Casi veinte años después en 1873, Ann Eliza Webb solicitó un divorcio civil. El caso fue a juicio en 1875, y el tribunal ordenó a Brigham Young a pagar $500 de asignación mensual y $3.000 de costos judiciales. Cuando él se negó, se le puso una multa de $25 y se le condenó a un día de prisión por desacato al tribunal (Arrington 1985, 373). No hay ningún registro de solicitudes para divorcio de la Iglesia, pero ella fue excomulgada el 10 de octubre de 1874 y dedicó gran parte del resto de su vida a publicar sus memorias, de alguna manera sensacionales, y a dar conferencias anti mormonas.

Veintiuna de las cincuenta y cinco esposas de Brigham Young nunca habían estado casadas, seis estuvieron separadas o divorciadas de sus maridos, dieciséis eran viudas, y seis tenían esposos vivos de quienes aparentemente no habían obtenido divorcio. La información marital de las seis no está disponible.

Desde una perspectiva del siglo veinte, los matrimonios poliándricos(1) parecen los más problemáticos. Tres de estas mujeres (Mary Ann Clark Powers, Mary Elizabeth Rollins Lightner, y Hannah Tapfield King) estaban casadas con no mormones, lo cual quería decir, según la visión teológica de la época, que su salvación podría no estar asegurada. Mary Ann Clark Powers, se casó con Brigham Young el 15 de enero de 1845. Más tarde ella dijo que no había sido esposa de Powers después del sellamiento y que sintió alivio cuando Powers fue a California. Ella recibió el divorcio de Brigham Young en 1851 (Powers to Young 18 June 1851, Brigham Young Papers)” (Dialogue: A Journal of Mormon Thought, ("Defining 'Wife': The Brigham Young Households," by Jeffrey Johnson, 1987, Vol. 20, No. 3, p.62-63)

Brigham Young comentó en varias ocasiones sobre las luchas en una relación polígama:

Hace unos pocos años una de mis esposas, cuando hablamos acerca de las esposas que dejan a sus maridos dijo, “Ojalá las esposas de mi marido lo dejaran, cada una de ellas excepto yo”. Así es como se sentían todas ellas, más o menos, a veces, tanto las mayores como las jóvenes”. (Journal of Discourses, vol. 9. P.195)

En otra ocasión Young declaró:

Hermanas, ¿desean ser felices? Entonces ¿cuál es su deber? Es el tener hijos. . . . ¿Ustedes se atormentan pensando que sus maridos no las aman? No me preocuparía si ellos las aman una pizca o no; pero gritaría, como antaño, con el gozo de mi corazón, tengo un hombre del Señor” “¡Aleluya! Soy madre. . “. (Journal of Discourses, vol. 9. P 37)

Obviamente había problemas incluso en el hogar de Brigham.

El 21 de septiembre de 1856. El Apóstol J. M. Grant dio un sermón acalorado regañando a aquellos mormones que se estaban involucrando en todo tipo de pecado. Incluso exigió expiación personal de sangre y reprendió a las mujeres por quejarse acerca de la poligamia:

Algunos han recibido el sacerdocio y un conocimiento de las cosas de Dios, y aun así deshonran la causa de la verdad, cometen adulterio, y cualquier otra abominación bajo los cielos, y luego se encuentran contigo aquí o en la calle y lo niegan. . . .

Yo digo, que hay hombres y mujeres a los que aconsejaría ir al Presidente inmediatamente, y que le pidieran que designara un comité para atender su caso; y luego se les seleccionara un lugar, y permitieran que ese comité derramara su sangre.

Tenemos entre nosotros a aquellos que están llenos de toda clase de abominaciones, aquellos que necesitan que su sangre sea derramada, pues el agua no lo hará, sus pecados son de un tinte demasiado oscuro.

Puede que piensen que no les estoy enseñando doctrina bíblica, pero ¿qué dice el apóstol Pablo? Yo preguntaría cuántos violadores de convenios hay en esta ciudad y en este reino. Creo que hay una gran cantidad. Y si son violadores de convenios necesitamos un lugar designado donde podamos derramar su sangre. . . .

Y tenemos mujeres aquí a las que les gusta cualquier cosa salvo la ley celestial de Dios; y si pudieran romper en pedazos el cable de la Iglesia de Cristo, hay pocas madres en Israel que no lo harían en este día. Y lo hablan con sus maridos, con sus hijas, y con sus vecinos, y dicen que no han visto la felicidad por una semana desde que se familiarizaron con la ley (del matrimonio plural) o desde que sus maridos tomaron una segunda esposa.

Llevamos intentándolo bastante tiempo con esta gente, y yo voto por dejar que la espada del Dios Todopoderoso sea desenvainada, no sólo de palabra, sino de hecho.

Voto por dejar que la ira del Dios Todopoderoso queme la basura y la suciedad; y si la gente no glorifica al Señor santificándose, que la ira del Dios Todopoderoso arda contra ellos, y que la ira de José y la de Brigham, y la de Heber, y la del alto cielo. . . .

Hermanos y hermanas, queremos que se arrepientan y abandonen los pecados que no pueden ser perdonados por medio del bautismo, que su sangre sea derramada y que el humo ascienda, que el incienso de allí se eleve ante Dios como expiación por sus pecados, y que los pecadores en Sion teman”. (Journal of Discourses, vol.4, pp.49-51.)

Este sermón fue seguido por el Presidente Young, quien dio exhortaciones similares. De hecho, él llegó hasta el punto de amenazar con dejar libres a todas las mujeres de sus matrimonios sino mejoraban y dejaban de quejarse:

Quiero que toda la gente diga qué harán, y sé que Dios desea que Sus siervos, que todos Sus fieles hijos e hijas, que los hombres y las mujeres que residen en esta ciudad, se arrepientan de sus iniquidad, o serán cortados. . . .

Hay pecados que los hombres cometen por los cuales no pueden recibir perdón en este mundo, ni en el venidero, y si tuvieran sus ojos abiertos para ver su verdadera condición, ellos estarían absolutamente dispuestos a que se vertiera su sangre sobre la tierra, a que el humo de allí pudiera ascender al cielo como ofrenda por sus pecados; y a que el incienso humeante expiara por sus pecados, mientras que ése no sea el caso, estos (los pecados) se adherirán a ellos y permanecerán sobre ellos en el mundo de los espíritus.

Sé que cuando me oyen, hermanos míos, hablándoles de cortar a la gente de la tierra, consideran que es doctrina fuerte; pero es para salvarlos, no para destruiros. . . .

Sé que hay pecados cometidos, de tal naturaleza que, si la gente entendiera la doctrina de salvación, temblaría a causa de su situación. Y, además, sé que hay transgresores, que, si supieran por ellos mismos cuál es la única condición sobre la cual ellos pudieran obtener perdón, rogarían que sus hermanos derramaran su sangre, para que el humo de allí pudiera ascender a Dios como ofrenda para calmar la ira que se enciende contra ellos, y para que la ley pudiera seguir su curso. Diré más, han venido hombres a mí y han ofrecido sus vidas para expiar por sus pecados.

Es cierto que la sangre del Hijo de Dios fue derramada por los pecados a causa de la caída y por aquellos cometidos por los hombres, sin embargo, los hombres pueden cometer pecados para los que puede que no haya remisión. Como era en días remotos, así es hoy en día . . . Hay pecados que pueden ser expiados . . . por la sangre del hombre. Esa es la razón por la que los hombres hablan con usted como lo hacen desde este estrado; ellos entienden la doctrina y rechazan algunas palabras sobre ella. Se les ha enseñado esa doctrina, pero no la entienden. . . .

Ahora mi propuesta: es más en particular para mis hermanas, ya que con frecuencia está sucediendo que las mujeres dicen que son infelices. Los hombres dirán, “Mi esposa, aunque es una de las más excelentes mujeres, no ha visto un día feliz desde que tomé a mi segunda esposa. No, ni un día feliz durante un año, dice uno; y otro no ha visto un día feliz durante cinco años. Se dice que las mujeres están atadas y son maltratadas: que se abusa de ellas y que no tienen la libertad que deberían tener; que muchas de ellas están vadeando a través de una inundación perfecta de lágrimas, a causa de la conducta de algunos hombres y de su propia estupidez.

Ojalá que mis propias mujeres entendieran que lo que voy a decir es para ellas además de para otras, y quiero que las que estén aquí se lo digan a sus hermanas, sí, a todas las mujeres de esta comunidad, y que luego contesten por escrito a los Estados, y que hagan con ello como les plazca. Les voy a dar desde este momento hasta el día seis del próximo mes de octubre para que reflexionen, que determinen si desean quedarse con sus maridos o no, y luego voy a dejar a cada mujer en libertad y a decirles: “Ahora pueden seguir su camino, mujeres mías y el resto, sigan su camino”. Y mis esposas tienen que hacer una de dos cosas; o bien encogerse de hombros para soportar las aflicciones de este mundo, y vivir su religión, o marcharse, ya que no las tendré cerca de mí. Prefiero entrar al cielo solo antes que tener arañazos y riñas a mí alrededor. Dejaré a todas en libertad. “¿Qué, también a la primera esposa?” Sí, las liberaré a todas.

Sé qué dirán mis mujeres; ellas dirán, “Puedes tener a tantas mujeres como te plazca, Brigham”. Pero yo quiero ir a algún lugar y hacer algo para deshacerme de las quejicas; No quiero que reciban una parte de la verdad y que desprecien el resto de puertas afuera.

Deseo que mis mujeres y las del hermano Kimball y las del hermano Grant se marchen, y que cada mujer en este territorio, o en algún otro, digan en sus corazones que abrazarán el evangelio por completo. Dígales a los gentiles que liberaré a cada mujer de este territorio en nuestra próxima conferencia. “¿Qué, también a la primera esposa?” Sí, no habrá ni una sujeta a servidumbre, todas serán puestas en libertad. Y luego que el padre sea el cabeza de familia, el amo de su propia casa; y que él las trate como un ángel las trataría; y que las esposas y los hijos digan amén a lo que él diga, y que estén sujetos a sus preceptos, en vez de que ellas dicten al hombre, en vez de que ellas intenten gobernarlo.

Sin ninguna duda muchos están pensando, “ojalá el hermano Brigham dijera qué va ser de los hijos”.(2) Les diré cuáles son mis sentimientos. Permitiré que mis esposas lleven a sus hijos, y es que yo tengo suficientes propiedades para mantenerlos, y puedo educarlos, y luego darles buena fortuna, y puedo tener un nuevo comienzo.

No deseo quedarme con una pizca de mi propiedad, excepto con lo suficiente para protegerme de un estado de desnudez. Y diría, esposas, si quieren, llévense a los niños, simplemente no les enseñen iniquidad; pues si así lo hacéis, enviaré a un élder, o iré yo mismo, a enseñarles el evangelio. Ustedes enséñenles vida y salvación, o les enviaré a los élderes para que les instruyan.

Que cada hombre de este modo trate a sus esposas, llevando suficiente atuendo para vestir su cuerpo; y díganles a sus esposas, “Tomen todo lo que tengo y vayan en libertad; pero si se quedan conmigo, deberán acatar la ley de Dios, y también sin ninguna queja o murmuración. Deberán cumplir la ley de Dios en todos los aspectos, y encogerse de hombros para acercarse a la marca sin ningún gruñido.

Ahora, recuerden que en dos semanas a partir de mañana voy a ponerlas en libertad. Pero la primera esposa dirá: “Es difícil, pues he vivido con mi marido durante veinte años, o treinta, y he criado una familia de hijos para él, y es una gran prueba para mí que él tenga más mujeres”, Entonces digo que es hora de que le des otras mujeres que le den a luz hijos. Si mi esposa me hubiera dado a luz todos los hijos que ella soportara, la ley celestial todavía me enseña que debo tomar mujeres jóvenes que tuvieran hijos. . . .(3)

Esta es la razón por la que la doctrina de la pluralidad de esposas fue revelada, que los espíritus nobles que están esperando por sus tabernáculos puedan ser creados. . . .

Hermanas, no estoy bromeando, no dejo caer mi propuesta para bromear con sus sentimientos, para ver si dejarán a sus maridos, todas o ninguna de ustedes. Pero sí sé que no hay cese del sempiterno quejido de muchas de las mujeres de este territorio; Estoy satisfecho de que éste sea el caso . . . Pero, una dice “Quiero tener mi paraíso ahora”, y dice otra, “Pensé que debería estar en el paraíso si me sellaba al hermano Brigham, y pensé que sería feliz con él cuando me hice su esposa, o del hermano Heber, los amaba tanto que pensaba que iba a tener un cielo inmediato, aquí mismo en este sitio.

¡Qué curiosa doctrina es esta, que nos estamos preparando para gozar! El único cielo para ustedes es aquel que se hagan ustedes mismas. Mi cielo está aquí (poniendo su mano en su corazón), lo llevo conmigo. ¿Cuándo debo esperar que sea perfecto? Cuando me levante en la resurrección; entonces lo tendré, y no hasta entonces . . .

Pero las mujeres vienen y dicen, “Realmente, hermano John, y hermano William, pensé que iban a crear un cielo para mí”, y se meterán en problemas, porque no hay un cielo para ellas hecho por los hombres, a pesar de que el albedrio está sujeto a las mujeres, así como a los hombres. Es cierto que hay una maldición sobre la mujer que no está en el hombre, a saber, que todo su afecto será hacia su marido, ¿y qué será lo próximo? Él te dominará.

Pero ¿cómo es ahora? Tu deseo es para tu marido, pero procuras dominarlo, mientras que el hombre debería dominarte.

Algunos puede que se pregunten si es ese el caso conmigo, vayan a mi casa a vivir, y luego aprenderán que soy muy amable, pero sé cómo mandar.

“Prepárense durante dos semanas a partir de mañana; y os lo digo desde ahora que si os retrasáis con vuestros maridos, después de que os haya liberado, debéis inclinaros, y someteros a la ley celestial. Podéis ir donde os plazca, después de dos semanas a partir de mañana; pero, recordad que no oiré ningún quejido más”. (Journal of Discourses, Vol. 4, 1856, pp. 55-57)

Tales discursos puede que hayan mantenido a la mayoría a raya, pero todavía hubo aquellas que no pudieron soportar una vida en la poligamia y terminaron abandonando a sus maridos.

En 1873 Ann Eliza presentó una demanda de divorcio contra Brigham Young. El libro Zion in the Courts-A Legal Historyof the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 1830-1900 da un informe de este procedimiento.

En “Young contra Young”, Ann Eliza Webb Young interpuso una demanda a Brigham Young por divorcio en 1873, alegando negligencia, trato cruel, y abandono (CHC 5: 442-443). . . . Alegando que Young tenía una fortuna de 8 millones de dólares y que tenía unos ingresos mensuales de $40.000, ella pedía $1.000 al mes a la espera del juicio, un total de $20.000 por honorarios de abogado, y $200.000 para su manutención. Brigham Young negó sus acusaciones y afirmó tener una fortuna de solamente $600.000 y un ingreso mensual de $6.000. Más fundamentalmente, [Brigham Young] señaló la inconsistencia de conceder el divorcio y pensión alimenticia para un matrimonio que no fue reconocido legalmente. (Zion in the Courts-A Legal Historyof the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 1830-1900 by Firmage and Mangrum, 1988, Univ. of Ill. Press, p.249.)

El historiador SUD Thomas Alexander comentó acerca de los problemas peculiares del matrimonio plural y del divorcio:

Varios casos civiles que involucraban a Brigham Young llegaron ante el tribunal de McKean, pero indudablemente el más célebre fue el intento de Ann Eliza Webb Dee Young, la vigésimo séptima esposas del profeta que interponía una demanda de divorcio. Los hechos del caso son bien conocidos y no necesitan ser reiterados aquí. El juez Emmerson al principio refirió el caso al juzgado de sucesiones. Después de la aprobación de la ley de Polonia, fue devuelta de nuevo al Juzgado del Tercer Distrito donde McKean lo oyó. Brigham Young presento una petición en el estrado indicando que, aunque no era de su conocimiento previamente, Ann Eliza no estaba divorciada en el momento del matrimonio, lo cual en todo caso era un matrimonio plural o celestial y por consiguiente no era legal. El acusado, además, estaba legalmente casado con Mary Ann Angell.

McKean puso la carga de la prueba sobre Young y le ordenó pagar $500 al mes como pensión alimenticia en espera del resultado. Él [McKean] legítimamente indicó que no importaba qué clase de matrimonio había sido su unión con Ann Eliza, fue un matrimonio legal, puesto que ambas partes eran competentes para casarse, porque Utah no tenía leyes que regularan el matrimonio. En Utah, era el deber de Young probar que, o bien Ann Eliza no estaba divorciada de James L. Dee en el momento del matrimonio plural, o que él estaba legalmente casado con Mary Ann Angell, Si él podía hacerlo así, McKean dijo que él sostendría la posición de Young.

Este fallo, por supuesto, colocaba a Brigham Young en los cuernos de un dilema. Sería imposible probar que Dee y Ann Eliza no estuviesen divorciadas legalmente porque la ley de Polonia había legalizado todas las medidas de los juzgados de sucesiones, donde había tenido lugar su divorcio. Por otro lado, si él estaba en disposición de probar en realidad que él estaba legalmente casado con Mary Ann Angell, él estaría aportando evidencias de que podría haberle llevado a su condena en virtud de la Ley Morrill debido a su admisión previa bajo juramento de que él también se había casado con Ann Eliza. Young escogió apelar el tribunal supremo. Sin embargo, se equivocó al no seguir el procedimiento apropiado y el 11 de marzo de 1875, McKean sentenció al profeta a una multa de $25 y a un día de prisión por desacato al tribunal. Más tarde, la demanda de divorcio fue rechazada después de la intervención del fiscal general de los Estados Unidos sobre la base de que Ann Eliza no podía haber sido la esposa legal de Brigham Young.

Además de demostrar la falta de juicio de McKean en algunos asuntos, el caso de Ann Eliza sirvió para demostrar que los mormones nunca se molestaron en definir cualquier estatus legal para las esposas plurales. Las únicas sanciones que la iglesia imponía eran morales y religiosas, y cualquiera que escogiera no observarlas podría hacerlo así mismo con las legales, y a veces incluso con la impunidad religiosa. Brigham Young argumentó que el matrimonio podría no tener validez ante la ley, que era solamente un asunto eclesiástico. Sin embargo, en otras ocasiones, los mormones argumentaron que las esposas plurales deberían tener los mismos derechos como las esposas legales y se quejaban de la persecución por adulterio con las esposas plurales. Como cuando George Q. Cannon fue acusado de poligamia, ellos tomaron la posición de que cada esposa polígama era también una esposa legal.

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Notas del traductor

1. Poliandria: una condición en la cual una mujer puede estar al mismo tiempo en matrimonio con varios varones.

2. En caso de divorcio, los hijos se quedaban con el padre, no con la madre. Las mujeres tenían muy pocos derechos, y la mayoría eran una extensión de los derechos del marido. En el caso de divorcio, entonces, los hijos eran considerados posesión del padre.

“[El patriarcado legislativo y judicial] estaba enmarcado de tal manera que las leyes de divorcio con respecto a cuáles eran las causas apropiadas, y en el caso de separación, a quién se le debería dar la custodia de los hijos debe ser otorgada sin tener en cuenta la felicidad de las mujeres. La ley en todos los casos iba con la falsa suposición de la supremacía del hombre, y dejaba todo poder en sus manos” (“Divorce andCustody”, FAQS.org).

Recién en el año 1900, 30 estados en el país reconocieron la igualdad de derechos entre los sexos, y no fue hasta 1930 que fue reconocida en toda la nación.

3. En 1870, una familia monógama tenía un promedio de 3hijos. Brigham Young tenía 55 esposas y 56 hijos, lo cual representa un promedio de 1.02 hijos por mujer. Young tuvo muchas esposas gracias a la poligamia, pero las mujeres tuvieron 66% menos hijos que si hubieran estado en una relación monógama. En otras palabras, se puede esperar que si estas mujeres se hubieran casado con un esposo cada una, el número de hijos hubiera estado más cerca de los 165 que de los 56.

Comentarios

  1. Al enterarme de esto, me alivia haberme separado de la Iglesia, durante mas de 35 años viví ignorante de la poligamia, y es lo que me hirió notablemente, fui durante muchos años : presidenta de Sociedad de Socorro, Maestra de la Primaria, consejera y posteriormente Presidenta de Mujeres Jóvenes. y todo esto no lo sabe el miembro de la iglesia, se lo ocultan a uno o se lo dicen de diferente manera. Gracias a Dios estoy fuera de esta ignominia .

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