Episodio 71: 27 Reglas del Matrimonio Celestial


Podcast
Escuche el programa online


Descarga directa del archivo en mp3: Click derecho => guardar


ACLARACION

Pesquisas Mormonas es un programa de audio. Está preparado para ser escuchado. Si el contenido es un ensayo con información proveniente de libros y otros artículos, el texto básico del programa va a ser incluido en el blog. Pero hay que tener en cuenta que la información en el blog NO ES LA INFORMACION COMPLETA y no incluye opiniones o aclaraciones.
_____________________________

NOTICIAS

Fallece Élder Packer


27 REGLAS DEL MATRIMONIO CELESTIAL
Por el Élder Orson Pratt
Bajar en PDF

Nada puede ser deseado tanto en las familias como paz, amor, y unión: son esenciales para la felicidad aquí y en el más allá. Y, para promover estas cosas tan deseables, recomendamos observar las siguientes reglas.

1ª REGLA. Dejen que los hombres que intentan convertirse en esposos, busquen primero el reino de Dios y su rectitud, y aprenden a gobernarse de acuerdo con la ley de Dios: porque quien no puede gobernarse a sí mismo tampoco puede gobernar a los demás: permitan que dediquen su propiedad, sus talentos, su tiempo, y hasta su vida al servicio de Dios, dejando todas las cosas a Su disposición, para que haga lo que Él dirige por medio del consejo que Él ha ordenado.

2ª REGLA. Busquen sabiduría para ser dirigidos en la elección de sus esposas. Busquen a aquellas cuyas calificaciones los hagan a ustedes y a ellas felices. No miren sólo a la belleza del rostro, o al esplendor de la ropa, o a la gran fortuna, o a las astutas sonrisas, o el recato fingido de las mujeres; porque todas estas cosas, sin las virtudes genuinas, son como las gotas de lluvia de la mañana, que brillan por un momento en el sol y resplandecen ante el ojo, pero pronto desaparecen. Pero busquen amables y amistosas disposiciones; porque el recato sincero; porque los hábitos industriosos; porque las virtudes admirables; porque la honestidad, integridad, y honradez; porque la limpieza en la persona, en la ropa, en la cocina, y en todo tipo de labor doméstica; porque la jovialidad, paciencia, y estabilidad de carácter; y sobre todo, porque la religión genuina para controlar y gobernar todos sus pensamientos y actos, cuando haya encontrado a aquellas que poseen estas calificaciones, permitan que las obtenga legalmente por medio del consejo de quien posee las llaves del sacerdocio eterno, que se casen con él por la autoridad del cielo, y por lo tanto estén unidas con él por tiempo y por toda la eternidad.

3ª REGLA. Cuando un hombre haya obtenido sus esposas, no dejen que suponga que ya son perfectas en todas las cosas; porque eso no puede esperarse de quienes son jóvenes e inexpertas en los cuidados y vicisitudes de la vida de casados. Ellas, como recipientes débiles, son dadas a él, quien es más fuerte, para que las nutra, estime, y proteja; para que sea su guía, su patriarca, y su salvador; para enseñarles, instruirlas, aconsejarles, y perfeccionarlas en todas las cosas relacionadas al gobierno familiar, y al bienestar y felicidad de ellas mismas y de sus hijos. Por lo tanto, dejen que cumpla la onerosa responsabilidad puesta sobre él, como cabeza de la familia; y también dejen que estudie diligentemente las disposiciones de sus esposas, para que las instruya en sabiduría para su bienestar.

4ª REGLA. No traiciones la confianza de tus esposas. Hay muchas ideas en una esposa afeccionada y confiada que ella desea comunicar a su esposo, y sin embargo ella no querría comunicarlas con otros. Guarda todos los secretos de tus esposas de todos los demás, excepto en casos donde el hacerlo resultará en buena voluntad.

5ª REGLA. No hables de las fallas de tus esposas con otros; porque al hacerlo, estás hablando en contra de ti mismo. Si hablas con una de tus esposas de las imperfecciones de otras que no están presentes, no sólo estás dañando a esas esposas en la estimación de ésta, sino que ellas esperarán que hables mal de ellas mismas en circunstancias similares: Esto disminuirá su confianza en ti, y causará división en la familia. Habla de sus fallas en privado en un espíritu de bondad y amor, y ella más probablemente te respetará por ello, y tratará de mejorar en el futuro; y las otras, a causa de tus reproches, tratarán de reprocharla. Tal vez haya circunstancias cuando reprocharlas en presencia de las otras producirá una influencia beneficiosa en todas. La sabiduría es útil para dirigir, y debe ser buscada seriamente por aquellos que tienen responsabilidades familiares.

6ª REGLA. Evita la ira y una inquieta disposición irritada en tu familia. Un espíritu apresurado, acompañado con palabras ásperas, generalmente creará una reacción similar, o, al menos, eventualmente amargará los sentimientos de tus esposas e hijos, y disminuirá sus afecciones por ti. Recuerda que las expresiones duras contra una de tus esposas, dichas cuando las otras puedan escuchar, lastimará sus sentimientos aún más que si lo hubiera escuchado sola. Regaños que son hechos durante momentos adecuados y buenos en otros casos, pueden perder sus buenos efectos si son hechos en un espíritu equivocado. De hecho, probablemente van a aumentar los elementos negativos que trataban de remediar. No encuentren culpa con cada pequeño error que vean, porque esto puede desalentar a tu familia, y ellos van a pensar que es imposible complacerte; y, después de un poco, van a ser indiferentes a lo que te plazca o no. ¡Qué infeliz y desgraciada es una familia donde nada cae bien, donde regañar es algo tan natural como respirar!

7ª REGLA. Usa imparcialidad en tu familia tanto como las circunstancias lo permitan; y deja que tu bondad y amor abunde con todos. Usa tu propio juicio, como cabeza de la familia, con respecto a tus obligaciones en relación a ellos, y no seas persuadido de lo que es correcto, ya sea por tus propios sentimientos o los sentimientos de los demás.

8ª REGLA. No dejes que tus juicios estén prejuiciados a favor de una de tus esposas, o por las acusaciones de las otras a menos que tengas buena razón para creer que las acusaciones son justas. No tomes decisiones rápidas basadas en evidencia parcial, sino que toma buenas decisiones, para que no tengas prejuicios injustos. Cuando una de tus esposas se queje de las imperfecciones de las otras, y trate de convencerte a que estés en contra de las otras, enséñale que todas tienen imperfecciones, y de la necesidad de soportarse con paciencia, y de orar la una por la otra.

9ª REGLA. Llama a tus esposas e hijos juntos frecuentemente, y enséñales sus responsabilidades hacia Dios, hacia ti, y el uno hacia el otro. Ora con y por ellos, y enséñales a orar mucho, para que el Espíritu Santo more entre ellos, sin el cual es imposible mantener esa unión, amor, y unidad que son necesarios para la felicidad y la salvación.

10ª REGLA. Recuerda que, a pesar de que las reglas escritas te ayudarán a enseñarte tus obligaciones, como cabeza de familia, sin el Espíritu Santo para enseñarte e instruirte, es imposible que puedas gobernar a tu familia en rectitud; por lo tanto, busca al Espíritu Santo y él te enseñará todas las cosas, y santificará y a tu familia, para que seas perfeccionado en Él y Él en ti, y eventualmente serás exaltado para morar con Dios, donde tu gozo será completo por siempre.

11ª REGLA. No permitan que una mujer se una en matrimonio con ningún hombre, a menos que esté completamente dispuesta a someterse completamente a su consejo, y que deje gobernarla como cabeza de la familia. Es mucho mejor que ella no se una con él en los sagrados eslabones de unión eterna a que se rebele contra el divino orden del gobierno familiar, instituido para una salvación más alta; porque si ellas cambian en lo mínimo, recibirán mayor condenación.

12ª REGLA. Nunca trates de poner a tu esposo en contra de cualquiera de sus otras esposas con el propósito de exaltarte en su estimación, para que la maldad que injustamente tratas de imponer sobre ellas no caiga doblemente sobre tu propia cabeza. Lucha para elevarte en favor e influencia con tu esposo por tus propios méritos, y no magnificando las fallas de las demás.

13ª REGLA. Trata de ser una pacificadora en la familia con quienes estés asociada. Si ves que la menor apariencia de división se está levantando, usa tus mayores esfuerzos para restaurar unión y aliviar los sentimientos de todos. Palabras suaves y gentiles, habladas con razón, aliviaran la contención y conflicto; mientras que un espíritu rápido y duro agrega leña al fuego que ya está prendido, el cual arrasará con creciente violencia.

14ª REGLA. No hables mal de tu esposo a nadie en el resto de la familia con el propósito de ponerlos en su contra; porque si él se entera, te dañarás en su estimación. Tampoco hables mal de ningún miembro de la familia, ya que destruirá su confianza en ti. Eviten toda hipocresía, porque si simulas amar a tu esposo y honrar y respetar a sus esposas cuando están presentes pero les faltas el respeto cuando están ausentes, quedarás como una hipócrita, como una chismosa, como una causadora de problemas, y serás censurada como algo más peligroso que un enemigo declarado. Y lo que es aún más detestable, es chismorrear fuera de la familia, y tratar de crear enemigos contra aquellos con los que estés conectada. Tales personas no deben ser consideradas hipócritas, sino traidoras, y sus conductas deben ser despreciadas por todos los amantes de la justicia. Recuerden también que hay muchas más maneras de chismorrear; no es siempre el caso que las personas que son las más audaces en sus acusaciones son los calumniadores más grandes; como aquellos que hipócritamente hacen como que no quieren lastimar a sus amigos, y al mismo tiempo insinúan piadosamente, en comentarios indirectos, algo que está calculado para dejar un prejuicio desfavorable en su contra. Rechacen tales espíritus como a las mismas puertas del infierno.

15ª REGLA. Si ves a alguna de las esposas de tu marido enferma o en problemas, usa todo tu esfuerzo para aliviarlas y para administrar bondad y consuelo, recordando que tú misma, bajo las mismas circunstancias, estarías agradecida por su ayuda. Trata de compartir los sufrimientos de los otros, de acuerdo a la salud, habilidad, y fuerza que Dios te ha dado. No temas el tener que compartir más que tu parte del trabajo doméstico, y que tendrás que ser más bondadosa con ellas de lo que ellas lo son contigo.

16ª REGLA. Deja que cada madre corrija a sus hijos, y no peleen y discutan entre ustedes, ni con nadie más; no permitas que corrijan a los niños de las otras sin permiso, a menos que las ofendan. El esposo debe asegurarse que cada madre mantenga disciplina sabia y apropiada sobre cada niño, especialmente en sus años tiernos: y es su deber el asegurarse que sus hijos le sean obedientes y a sus respectivas madres. Y es también su obligación el cuidar que los hijos de una esposa no peleen con o abusen a los hijos de las otras, ni que sean irrespetuosos o imprudentes con cualquier rama de su familia.

17ª REGLA. Es la responsabilidad de los padres enseñar a sus hijos, de acuerdo a sus capacidades en todos los principios del evangelio, así como ha sido revelado en el Libro de Mormón y en las revelaciones que Dios ha dado, para que crezcan en rectitud y en el temor del Señor y que tengan fe en Él. No toleren que la maldad tenga un lugar entre ellos, sino que enséñenles en la manera correcta, y asegúrense que caminen de la misma manera. Y permitan que el esposo, sus esposas, y los hijos que hayan llegado a la edad de entendimiento se arrodillen frecuentemente alrededor del altar familiar, y que oren en voz alta y de manera unida por cualesquiera bendiciones que necesiten, recordando que donde hay unión y paz también habrá fe, y esperanza, y amor a Dios, y toda obra buena, y una multiplicidad de bendiciones, impartiendo salud y confort al cuerpo, y gozo y vida al alma.

18ª REGLA. Que cada madre comience con sus hijos cuando son jóvenes, no sólo para enseñarles e instruirles, sino para castigarlos y traerlos a la más perfecta sumisión; porque esa es la edad en la que son más fácilmente conquistados, y sus tiernas mentes son más susceptibles a influencias y gobierno. Muchas madres, a causa de negligencia hacia sus hijos, y porque sólo tratan de gobernarlos en largos intervalos, encuentran que sus esfuerzos no tienen beneficios duraderos; y es que los niños están acostumbrados a hacer lo que quieran y no ceden fácilmente; y si ceden, sólo es por un tiempo, hasta que la madre nuevamente se relaja y se vuelve descuidada, y luego regresan nuevamente a sus hábitos de costumbre: y por hábito se confirman más y más en la desobediencia, volviéndose peores y peores, hasta que la madre se desanima, y renuncia a toda disciplina, y se queja que ella no puede educar a sus hijos.

Los niños no tienen la culpa, sino las madres por su descuido y negligencia cuando ellos todavía son jóvenes; ella es quien debe responder, en un alto grado, por los malos hábitos y desobediencia de los hijos. Ella es más directamente responsable que el padre; porque no se puede esperar que el padre siempre pueda encontrar el tiempo, aparte de las laboriosas responsabilidades que se requieren de él, para corregir y dirigir a sus pequeños niños que están en casa con sus madres.

Es frecuentemente el caso que el padre es llamado a atender responsabilidades en la vida pública, y puede estar ausente por mucho de su tiempo, cuando la completa responsabilidad del gobierno familiar reposa sobre la madre de los respectivos hijos; si ellas, a causa de falta de atención, permiten que sus hijos crezcan desobedientes y terminen en la ruina, deben asumir la responsabilidad y la desgracia de ello. Algunas madres, a causa de descuido, y aunque sienten la mayor ansiedad por el bienestar de sus hijos, sin embargo, y por una incorrecta noción de amor hacia ellos, no los castigan cuando necesitan castigo, o si tratan de conquistarlos, su ternura y piedad son tan grandes que prevalecen sobre sus mejores juicios, y los niños permanecen sin ser conquistados, y se determinan aún más a resistirse a los futuros esfuerzos de sus madres hasta que, a la larga, determinan que sus niños tienen una disposición más testaruda que otros, y que es imposible subyugarlos a la obediencia.

En este caso, como en el caso de negligencia, la culpa reside en las madres.

La testarudez de los niños, en su mayoría, es resultado de la indulgencia maternal, producto de sus incorrectas ideas del amor. Por medio de lo que llama amor, arruina a sus hijos. Niños de entre uno y dos años de edad son capaces de entender muchas cosas; ese es el momento en que debemos comenzar a trabajar con ellos. Cuán a menudo vemos a niños de edad manifestar mucho enojo. Frecuentemente, llorando de enojo se lastiman, aunque en otras maneras son saludables: es mucho mejor, en tales situaciones, que una madre corrija a sus hijos en una manera gentil pero con decisión y firmeza hasta que domine y haga que deje de llorar, que permitir que el hábito aumente.

Cuando el niño, por medio de castigo gentil, aprende esta lección de su madre, es mucho más fácilmente dominado y traerlo a la subyugación en otras cosas, hasta que finalmente, con un poco de perseverancia de parte de la madre, aprende a ser obediente a su voz en todas las cosas; y la obediencia se convierte en un hábito permanente. Tal niño, entrenado por una madre negligente o demasiada indulgente, podría haber adquirido hábitos de testarudez y desobediencia.

No es tanto parte de la constitución original de los niños como su crianza lo que causa tanta diferencia en sus disposiciones. No se puede negar que hay diferencias en las constituciones de niños aún desde el nacimiento, pero esta diferencia se debe mayormente a la conducta apropiada o inapropiada de los padres, como mencioné anteriormente; por lo tanto, incluso con esta diferencia, los padres son más o menos responsables. Si los padres, a causa de su malvada conducta, pasan disposiciones hereditarias a sus hijos que los van a arruinar, a menos que las limiten y venzan apropiadamente, deben darse cuenta que deben pagar por su maldad. Si los padres han sido culpables de pasar disposiciones desafortunadas a sus descendientes, arrepiéntanse, usando toda diligencia para salvarlos de las consecuencias malvadas que naturalmente resultarán al rendirse a esas disposiciones. Mientras mayor la locura, mayor debe ser el remedio, y más hábil y concienzuda debe ser su aplicación, hasta que lo que está diseminado en maldad es controlado y completamente reprimido. De esta manera los padres pueden salvarse y a sus hijos; pero si no, hay condenación. Por lo tanto, repito otra vez, dejen que las madres comiencen a disciplinar a sus hijos cuando son jóvenes.

19ª REGLA. No corrijas a tus hijos cuando estés enojado; un padre enojado no está bien preparado para juzgar la cantidad de castigo que debe ser impuesto sobre sus hijos, como un padre más calmado y castigando con reflexión, razón, y buen juicio. Permite que tus hijos vean que los castigas, no para gratificar una disposición irascible, sino para reformarlos por su propio bien. Y tendrás una influencia saludable; no te van a ver como a un tirano, movido de un lado a otro por pasiones turbulentas y furiosas; sino que te verán como a alguien que busca su bienestar, y que los castigas sólo porque los amas y deseas lo mejor para ellos.

Sé calmo y deliberado en tus consejos y reprobaciones, pero al mismo tiempo usa seriedad y decisión.

Deja ver a tus hijos que tus palabras deben ser respetadas y obedecidas.

20ª REGLA. Nunca engañes a tus hijos con amenazas o promesas.

Ten cuidado de no amenazarlos con un castigo que no tienes intención de infligir; porque esto causará que pierdan confianza en tus palabras. Además, causará que contraigan el hábito de mentir: cuando perciben que sus padres no cumplen sus amenazas o promesas, consideran que no hay problema en no cumplir su palabra.

No pienses que tus preceptos, con respecto a la veracidad, tendrán mucho peso sobre las mentes de tus hijos cuando son contradichos por tus ejemplos.

Sé cuidadoso en cumplir tus palabras en todas las cosas en rectitud, y tus hijos no sólo aprenderán a decir la verdad gracias a tu ejemplo, sino que temerán desobedecer tu palabra, sabiendo que nunca fallarás en castigar o premiarlos de acuerdo con tus amenazas y promesas.

Deja que tus leyes, sanciones, y recompensas estén fundadas en los principios de justicia y misericordia, y adaptadas a las capacidades de tus hijos; porque esta es la manera en que nuestro Padre Celestial gobierna a Sus hijos, dando a algunos una ley celestial, a otros una terrestre, y a otros una telestial, con sanciones y promesas anexas, de acuerdo con las condiciones, circunstancias, y capacidades de los individuos gobernados.

Buscad sabiduría, el patrón por medio del cual el orden celestial es gobernado.

21a REGLA. No seas tan severo y rígido en el gobierno de tu familia que te conviertas en un objeto de miedo y temor.

Hay padres que se hacen estrictos en los atributos de justicia, mientras que la misericordia y el amor apenas son conocidos en sus familias.

La justicia debe ser templada con misericordia, y el amor debe ser el gran principio que mueve todo, entretejiéndose en todas tus administraciones familiares.

Cuando la justicia sola se sienta sobre el trono, tus hijos se te acercarán con temor, o tal vez se esconderán de tu presencia, y desearán que te vayas para así aliviar sus miedos; al escuchar tus pasos que se acercan huyen como de un enemigo, y tiemblan al oír tu voz, y se encogen bajo la mirada de tu rostro, como si esperaran que un castigo terrible cayera sobre ellos.

Ten familiaridad con tus hijos, para que se deleiten en tu sociedad, y para que te vean como a un padre amable y tierno a quien se deleitan en obedecer.

La obediencia inspirada por el amor, y la obediencia inspirada por el miedo, son totalmente diferentes en naturaleza; la primera será permanente y duradera, mientras que la segunda sólo espera que el objeto temido se retire y desaparecerá como un sueño.

Gobierna a tus hijos como un padre y no como un tirano; porque ellos también serán padres, y es muy probable que adoptarán esa forma de gobierno en el que han sido educados.

Si fuiste un tirano, serán influenciados para seguir tu ejemplo.

Si eres odioso y los retas constantemente, adoptarán esa actitud de retar todo el tiempo también. Si eres amoroso, bondadoso, y misericordioso, esas influencias benignas muy ciertamente infundirán en la manera que gobiernen a sus familias; y por lo tanto las influencias buenas y malas frecuentemente se extienden por muchas generaciones y edades.

¡Qué grandes, entonces, son las responsabilidades de los padres hacia sus hijos!

¡Y cuánto debemos temer las consecuencias de los malos ejemplos!

Deja que el amor, por lo tanto, predomine en ti y te controle, y tus hijos de seguro lo descubrirán y te amarán a cambio.

22a REGLA. Deja que cada madre enseñe a sus hijos a honrar y amar a sus padres, y a respetar sus enseñanzas y consejos. Qué común es el caso que cuando un padre trata de corregir a sus hijos, las madres interfieren en la presencia de su hijos: esta es una tendencia malvada en muchos aspectos: primero, destruye la unidad de sentimiento que debe existir entre marido y mujer; segundo, debilita la confianza de los niños en el padre, y les anima a ser desobedientes; tercero, crea animosidad y discordia; y finalmente, es una rebelión contra el orden del gobierno familiar establecido por sabiduría divina. Si la madre supone que el padre es demasiado severo, que no lo mencione en presencia de los hijos, sino que exprese sus sentimientos cuando estén a solas, y así los hijos no verán la división entre ellos. Es una gran maldad que maridos y mujeres estén en desacuerdo y que contiendan; pero hacerlo en la presencia de los hijos es una maldad aún mayor. Por lo tanto, si un esposo y sus esposas pelean y destruyen su propia felicidad, que tengan piedad con sus hijos y no los destruyan por medio de sus ejemplos perniciosos.

23a REGLA. No permitan que hijos de diferentes madres sean altivos y abusivos entre ellos, porque son como hermanos y hermanas, al igual que los hijos del patriarca Jacob; y ninguno tiene más derechos que el otro, sino según su conducta lo amerite. Si descubren contenciones o diferencias dándose lugar, no justifiques a tus propios hijos y condenen a los otros en su presencia; porque esto animará a que haya más peleas: aún si consideras que tus hijos no tienen tanta culpa como los otros, es mucho mejor enseñarles los problemas de las contiendas que hablar mal en contra de otros. Hablar en contra de ellos no sólo apaga su cariño sino que tiende a ofender a sus madres, y crea sentimientos desagradables entre tú y ellos. Siempre habla bien de las esposas de tu marido en la presencia de los niños, porque ellos generalmente forman sus juicios hacia los demás de acuerdo a los dichos de sus padres: son muy propensos a respetar a quienes sus padres respetan y odiar a quienes ellos odian. Si consideras que alguna de las madres es demasiado indulgentes con sus hijos y demasiado negligentes a la hora de corregirlos, no te ofendas, pero esfuérzate, por medio de tu dirección sabia y prudente, en establecer un buen ejemplo para ellas, para que ellas, al ver tu curso prudente y sabio, sean guiadas a hacer lo mismo. Los ejemplos a veces van a reformar cuando los preceptos fallan.

24a REGLA. Sé diligente en tus hábitos: esto es tan importante como cumplir la ley de Dios: es también importante para aquellos que están en circunstancias difíciles, para que puedan adquirir alimento y vestimenta y las comodidades necesarias de la vida: es también importante para los ricos así como para los pobres para que puedan suplir en más abundancia las necesidades de los indigentes, y que estén en una situación de poder ayudar a los desafortunados y administrar a los enfermos y afligidos; porque de esta manera es posible que incluso los ricos puedan entrar en el reino de los cielos. Una familia cuyo tiempo está ocupado en las vocaciones útiles y lícitas de la vida no tendrá tiempo de ir de casa en casa para acusarse y herirse mutuamente y a sus vecinos; ni serán tan propensos a pelear entre sí.

25a REGLA. Cuando tus hijos tengan entre tres y cinco años de edad, envíalos a la escuela, y mantenlos ahí todos los años hasta que hayan recibido una educación completa en todos los rudimentos de la ciencia útil y en su comportamiento y moral. De esta manera evitaran muchos males que se levantan de la indulgencia, y formarán hábitos que serán beneficiosos para la sociedad en el más allá. Deja que las madres eduquen a sus hijas en todo tipo de tarea doméstica: que les enseñen a lavar la ropa y a planchar, a hornear todo tipo de comidas, a tejer, coser, e hilar, y a hacer todas las otras cosas que la calificarán como una ama de casa buena y eficaz.

Que los padres eduquen a sus hijos en cualquier rama o ramas de negocio que intenten que sigan. Desprecien esa falsa delicadeza exhibida por los hijos e hijas de los ricos que consideran que es un deshonor el trabajar en las ocupaciones comunes de la vida.

Tales nociones de alta vida deberían ser echadas del territorio como algo demasiado despreciable como para ser considerado, aún por un momento, por una comunidad civilizada. Algunas de estas falsas damas y caballeros tienen tan grandes ideas con respecto a su gentileza que dejarían que sus pobres padres y madres se esclavicen hasta la muerte para apoyarlos en su ociosidad, o en algún empleo fantasioso e inútil. La hija se sienta en la sala con su pintura o su música, vestida con seda y otras galas, y deja que su madre lave y cocine hasta que, a causa de la fatiga, está lista para caer en la tumba: a esto le llaman gentileza, y las distinciones entre lo alto y lo bajo. Pero tales hijas no son dignas de esposos, y no deberían ser admitidas en ninguna sociedad respetable: son zánganos despreciables que serían una maldición para cualquier esposo que tuviera la desgracia de estar conectado con tales molestias. Pintura, música, y todas las bellas artes deben ser apreciadas y cultivadas como logros que sirven para adornar y embellecer a la gente civilizada e iluminada y hacer la vida agradable y feliz; pero cuando son cultivadas a exclusión de las obligaciones y calificaciones más necesarias, es como adornar a un puerco con joyas y perlas costosas para hacerlo parecer más respetable: estos adornos sólo hacen que tales personajes sean cien veces más odiosas y asquerosas de lo que parecerían de otra manera.

26ª REGLA. Usen economía y eviten el desperdicio. Qué frustrante sería para un esposo que tiene una familia grande, quienes dependen grandemente de su trabajo para ser mantenidos, ver a sus esposas e hijos descuidadamente, sin preocupación, e innecesariamente, desperdiciar sus ganancias. No dejes que ninguna esposa, por miedo de que no obtenga su parte de las ganancias, destruya, de, y de otra manera disponga tontamente de lo que se le es dado, pensando que su esposo le proporcionará más. Aquellos que economizan y usan sabiamente aquello que se les es dado, deben ser considerados afortunados de recibir más abundantemente que aquellos que buscan un curso contrario. Cada esposa debería estar interesada en ahorrar y preservar lo que el Señor le ha confiado, y debería regocijarse, no sólo en su prosperidad, sino en la prosperidad de otros: sus ojos no deberían estar llenos de codicia de querer tomar todo para ella misma, sino que debería sentirse igualmente interesada en el bienestar de la familia entera. Al seguir este curso será amada: al tomar el curso contrario, será considerada egoísta e insensata.

27ª REGLA. Permítase que los maridos, esposas, hijos e hijas continuamente entiendan que sus relaciones no terminan al fin de esta corta vida, sino que continúa en la eternidad infinita. Todas las calificaciones y disposiciones, entonces, que nos harán felices aquí, deben ser alimentadas, apreciadas, ampliadas, y perfeccionadas, para que su unión sea inseparable, y su felicidad asegurada tanto en este mundo como en el que está por venir.

Observen estas reglas, así como todas las otras que son buenas y justas, y la paz vendrá como resultado: los esposos serán los patriarcas y salvadores; las esposas serán como viñas fructíferas, produciendo preciosos frutos en sus estaciones: sus hijos serán las plantas de renombre, y sus hijas como las piedras pulidas de un palacio. Entonces los santos florecerán sobre los montes y se regocijarán sobre las montañas, y se convertirán en una gente grandiosa y fuerte, cuyas campañas serán hechas con fortaleza y serán eternas. Levántate, Oh Sion; ¡vístete con luz! ¡Brilla con claridad y brillo! ¡Ilumina a las naciones y a los rincones oscuros de la tierra, porque sus luces se han apagado, su sol se ha puesto, y una gruesa oscuridad las cubre! ¡Deja que tu luz sea vista sobre los lugares altos de la tierra; déjala brillar en glorioso esplendor; porque entonces el malvado verá y se confundirá, y se taparán la boca con vergüenza; entonces los reyes se levantarán y saldrán a la luz, y se regocijarán en la grandeza de tu gloria! ¡No temas, oh Sion, ni dejes que tus manos se debiliten, porque grande es el Santo en tu medio! ¡Una nube estará sobre ti de día para ser una defensa, y durante la noche tus viviendas serán rodeadas con gloria! Dios es tu luz eterna, y será una torre de fortaleza contra tus enemigos; al sonido de Su voz se derretirán, y el terror se apoderará de ellos. En ese día serás hermosa y gloriosa, y el reproche de los gentiles no sonará más en tus oídos; en ese día, los hijos de aquellos que te afligieron vendrán doblados e inclinados en las suelas de tus pies; y las hijas de aquellos que te reprocharon vendrán diciendo, Comeremos nuestro propio pan y vestiremos nuestras propias ropas, sólo permítenos unirnos en el orden patriarcal del matrimonio con los esposos y patriarcas en Sion para que eliminen nuestro reproche: entonces tendrán mayor estima, más de lo que estiman las riquezas, aquellos que sus malvados padres ridiculizaron bajo el nombre de la poligamia.

Cerraremos este largo artículo sobre el tema del matrimonio celestial proponiendo las siguientes preguntas para que sean consideradas por aquellos de nuestros lectores que estén opuestos al sistema de pluralidad.

________________________

Originalmente publicado en “The Seer”, noviembre de 1853, pp. 173-76 y diciembre de 1853, pp. 183-187 por Elder Orson Pratt.

Comentarios

  1. El matrimonio gay no puede existir,porque la finalidad del matrimonio es procrear.Por eso la religión no acepta uniones homosexuales,porque simplemente no pueden tener hijos propios.Y no es discriminación,no hay que confundir las cosas y mezclarlas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Interesante definición. Eso quiere decir que la religión no acepta el matrimonio de parejas heterosexuales (de hombre y mujer, por si no sabes lo que significa) que por alguna razón no pueden tener hijos, y tampoco acepta el matrimonio entre ancianos. Y sin embargo mi abuelo se casó a los sesenta años con una señora muy mayor en una iglesia, y yo y mi esposa nos casamos en el templo a pesar de que no podemos tener hijos por razones de salud

      ¿Explicación?

      Eliminar
    2. La religión no es solo casarse,aunque se que en algunas religiones es importante.Lamento decirte que en tu caso y el de tu abuelo el matrimonio no sirvió para nada.No se si me equivoco pero creo que en el mormonismo el celibato no es algo malo.Tal vez lo lei en doctrina y convenios,no recuerdo exactamente

      Eliminar
  2. Muy buen programa, me sacaste una que otra carcajada. una pregunta, donde puedo obtener información que hable o mencione que oficialmente Orson Pratt tenía tantas esposas? eso me ayudaría mucho como apoyo, gracias por todo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Sudaca.

      En español, ni idea. Que yo sepa la iglesia no se preocupa en traducir muchos materiales al español, pero Wikipedia tiene un articulo breve con algunas referencias que podes usar.

      Pratt no está, pero cuando visité el cementerio de Salt Lake saqué fotos de las tumbas de los apostoles, y algunos tienen muchas esposas en la misma lápida: http://tinyurl.com/l2v27gv

      Eliminar

Publicar un comentario